lunes, 5 de octubre de 2015

Estar Donde No Lleguen Las Tormentas VII





Tinta y Acuarela sobre Papel
Ana Castelbón



Sólo yo sé que al caer de la tarde
vienen a mi ventana los ángeles cansados.
Se posan en mi alféizar con el viento

del este,
devoran en silencio mi corazón amargo.
Arden
sus ojos al beberse mis lágrimas.
Golpean mis cristales, ángeles en bandadas...
Creen que es el último sol olvidado en el cielo
y confunden sus alas con nubes pasajeras;
por eso no saben que ángeles cansados
devoran mi tristeza y alzan después el vuelo.

Ana Castelbón

martes, 16 de junio de 2015

Estar Donde No Lleguen Las Tormentas VI

Tinta Sobre Papel
Ana Castelbón




Aún queda una alborada de rosas en la tapia,
Rosal blanco y silvestre como el amor primero.
Su blancura de entonces era igual que tu infancia,
Sus espinas pequeñas iguales a tus besos.

Hay días en que vuelvo a sentir su fragancia
Rondar por tu calleja y morir en silencio.
El luminoso aroma de aquellas rosas blancas
Me recita tu nombre como si fuera un verso.

Y allá en el perfume del rosal, enredada, 
Me parece oír tu risa saliéndome al encuentro;
Polen solar tu risa, cascabeles de plata
Salpicando de espuma la costa de mi pecho.

Empedradas de rosas están hoy las distancias,
Por ventiscas de rosas se ha extraviado el Tiempo;
Por caminos de rosas vuelven tus manos plácidas,
Obedientes y dulces, como los niños buenos.

Tu recuerdo y el mío se pierden en el alma
De las rosas que nacen y el oscuro vencejo.
Así se va el Ayer para hacerse Mañana...
Así se van los rostros de todos los espejos.

Ana Castelbón

lunes, 25 de mayo de 2015

Estar Donde No Lleguen las Tormentas V

Acuarela y tinta sobre papel
Ana Castelbón



Cuando la tarde muere voy muriendo.
Me desangro en la luz como un torrente
De pájaros de sombra que en mi frente
Golpean y se van, siempre fluyendo.

Me desangro hacia ti. Voy deshaciendo
Los nudos de mis venas, los ardientes
Cerrojos de escarlata lentamente
Se hunden con el día, anocheciendo.

A la deriva voy hacia el Olvido
Por el estéril cauce de los besos
Que no se dieron nunca y los perdidos

Poemas no soñados… A lo lejos
Resuenan solitarios mis latidos
En la desierta cárcel de mis huesos.

Ana Castelbón

martes, 24 de febrero de 2015

Historias Muy Pequeñas IV

El Gran Faraón Llorando Después de su Aciago Encuentro
Ana Castelbón, tinta sobre papel

Porque pedir un deseo al Genio de  la Lámpara era lo más parecido a un suicidio, se recordó Pierre demasiado tarde. Un Genio siempre te concederá lo que le pidas.

Justo eso.
Nada más que eso.
Con una exactitud  demente y milimétrica.


Quizá fuese que les apretaba el turbante o que les faltaba oxígeno dentro de la lámpara, lo cierto era que sus pequeñas mentes no filtraban metáforas ni sinónimos. No existía deseo que ellos no convirtieran en una maldición. Había más ejemplos en la Historia que setas en el bosque: Pompeya, la Peste Negra, Las Siete Plagas de Egipto… Ah, aquel desafortunado encuentro entre un Faraón empecinado en comer langosta y un Genio especialmente obtuso…


Fragmento de Una Historia Muy Pequeña
de próxima aparición, por Ana Castelbón

martes, 3 de febrero de 2015

Historias Muy Pequeñas III





Sir Archibald Birdwishtle, escritor gorrón y borrachín
Ana Castelbón, tinta sobre papel




Por estas razones -antes incluso de llegar a la mayoría de edad- su pequeño Baudelaire era el único dragón de toda la historia de los dragones que sabía bailar las cinco partes de la Cuadrilla Francesa, la Polonesa y el Cotillón; también era el único que recitaba a Becquer- del salón en el ángulo oscuro y tal- mientras horneaba su deliciosa tarta de manzana casera y era – de nuevo- el único que se sabía de memoria El Almanaque del Anfitrión Perfecto, escrito por aquel gorrón borrachín, Sir Archibald Birdwishtle, entre copazo y copazo de brandy ajeno. 
Con esas referencias comprenderéis, por último, por qué iba a convertirse en breves momentos en el dragón más desdichado de la historia de los dragones.

Fragmento de Una Historia Muy Pequeña
de próxima aparición, por Ana Castelbón

jueves, 8 de enero de 2015

Historias Muy Pequeñas II



La Bella Roncante
 Ana Castelbón (tinta sobre papel)


"Es la pura verdad, no digas que no... Roncas. No te apures. Es una nimiedad pero arredra a los príncipes más que el rugido de cualquier dragón. Ningún príncipe salva princesas que roncan. Lo pone en alguna cláusula de su contrato, creo. La Bella Durmiente se operó de vegetaciones antes de pincharse el dedo, no fueran a dejarla dormir para los restos...  Por otro lado, piensa en las repercusiones para la industria textil con esa manía de quemar las ruecas. Bajarían las exportaciones, aumentaría la inflación, subiría el déficit... Ya sabes... Las acciones, el Dow Jones... Todo eso."

Fragmento de Una Historia Muy Pequeña
de próxima aparición, por Ana Castelbón

sábado, 20 de diciembre de 2014

Historias Muy Pequeñas I




Caballero En La Inopia Que No Advierte La Que Le Espera Al Antiguo Régimen
Ana Castelbón (tinta sobre papel)

"....Quizá penséis que, después de todo, no era para tanto. Fue lo mismo que pensó el Señor Secretario tras el primer ataque de pánico. Fue lo mismo que pensó el capitán del Titanic cuando vio el iceberg. ¿Y quién dijo “Tranquila, María Antonieta, seguro que no llega la sangre al Sena”? No es que el Señor Secretario fuera de un optimismo desbordante, pero a la hora de enfrentarse a las catástrofes contaba con la gran ventaja de carecer de imaginación."

Fragmento de Una Historia Muy Pequeña 
de próxima aparición, por Ana Castelbón.